Por Gabriel Iezzi
13/6/2019

El ‘grooming’ y su relación con los delitos informáticos

El “grooming” se define como “toda acción que tenga por objetivo socavar moral o psicológicamente a un niño, con el fin de conseguir su control a nivel emocional para un posterior abuso sexual”. Es por ello que se puede afirmar entonces que el “grooming” es un supuesto de acoso sexual infantil.

El Grooming como delito fue incluido en el Código Penal Argentino en el año 2013 mediante la Ley N° 26.904: “Artículo 131: Será penado con prisión de seis (6) meses a cuatro (4) años el que, por medio de comunicaciones electrónicas, telecomunicaciones o cualquier otra tecnología de transmisión de datos, contactare a una persona menor de edad, con el propósito de cometer cualquier delito contra la integridad sexual de la misma.” Generalmente el modo inicial del grooming es mediante la comisión de los delitos informáticos, ya que estos están dotados de ciertas características o particularidades que los diferencian instrumentalmente del resto de los ilícitos, haciendo que su investigación resulte mucho más compleja que en otros casos. Se puede resaltar como características principales la magnitud de los daños, la cada vez más frecuente naturaleza global e internacional de esta clase de delitos, la facilidad para cometerlos y las dificultades para la investigación - que ha llevado a la necesidad cada vez mayor de cooperación entre fuerzas de seguridad y el sector privado por la necesidad de preservar datos del servicio de internet, servidores, entre otros. En su mayoría los delitos informáticos con los que se inicia el grooming se tratan de delitos transnacionales, cuyos efectos pueden esparcirse por toda la red (como en el caso del ciberacoso) o de ilícitos que pueden configurarse en un país y generar efectos en otros (como la estafa informática, el daño informático, el lavado de activos, la pornografía infantil, etc.). La transnacionalidad hace por lo tanto que las pruebas del ilícito puedan estar tanto en el dispositivo desde donde se cometió el hecho o en los distintos sistemas vulnerados, sean redes, sitios web o computadoras. En general, los delitos informáticos son anónimos, ya que Internet permite la creación de identidades falsas (perfiles de Facebook, Instagram por ejemplo) o el autor del delito conoce la forma de ocultar su identidad, por ejemplo, a través de la navegación anónima en Internet mediante un determinado programa que ayuda a ello. Por último, otra de las características de estos delitos consiste en el bajo nivel de denuncia con que cuentan. Muchas veces porque los usuarios ignoran que están siendo víctimas de delitos informáticos al descargar -por ejemplo y sin conocimiento-un archivo que contiene un virus o un troyano. En otras ocasiones, las empresas y los bancos no denuncian por temor a que su reputación se vea afectada ya que pondrían en evidencia las fallas de sus sistemas de seguridad. En otros casos, las conductas resultan atípicas, a pesar de los efectos perjudiciales que tienen para las víctimas. Volviendo al grooming se pueden mencionar las siguientes tres fases principales: 1.-Contacto y acercamiento: el acosador se vale de herramientas para mentir sobre su género, edad, etc y entra en contacto con el chico/a a quien le muestra fotos o videos modificados por programas web. En esta etapa se busca generar confianza y empatía. 2.- Componente sexual: el acosador consigue que el chico/a le envíe alguna fotografía o video con componentes sexuales o eróticos. 3.-Ciberacoso: si el menor no accede a sus pretensiones sexuales (más material, videos o encuentro sexual), el ciberacosador lo amenaza con difundir la imagen que haya capturado con mayor carga sexual a través de Internet (plataformas de intercambio de videos, redes sociales, foros u otros) o enviarla a los contactos personales del menor. En el grooming, el delincuente se aprovecha de la situación de anonimato que le brinda Internet, de la inmadurez sexual de la víctima y del material de carácter privado proporcionado por el menor. De esta manera, el acosador hostiga a la víctima, amenazándola con difundir los videos o las fotos de carácter sexual entre sus amigos y contactos si esta no cumple con sus requerimientos. A pesar de la amplitud de las definiciones sobre grooming expuestas en diferentes trabajos realizados sobre la cuestión, en la Argentina el objetivo del autor del delito es uno solo: mantener un encuentro sexual con el menor o adolescente para abusar sexualmente del mismo. En este sentido y puntualmente se define a la intención final del autor del grooming como “proponer un encuentro con el objeto de perpetrar un delito sexual contra la víctima en forma física”. A través de esta figura penal, la Argentina reprime a los adultos que, a través de cualquier medio digital, se contactan con niños y adolescentes con la finalidad de organizar un encuentro para abusarlos sexualmente. Para finalizar solo resta decir que la tipificación de este delito en el Código Penal protege nada más ni menos que la integridad sexual y psicológica de los millones de menores de edad y adolescentes que se conectan a diario a la red.



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