Por Gabriel Iezzi
23/5/2019

Accidentes de tránsito. La estructura del delito imprudente

La creciente cifra de accidentes de tránsito vinculada al aumento del parque automotor, se traduce en una mayor cantidad de casos que llegan a los tribunales de justicia. En general, las conductas de los involucrados en el hecho son cometidas por IMPRUDENCIA.

En los delitos “culposos” la acción típica se construye por causa un determinado resultado por imprudencia, negligencia, impericia en su arte o profesión o inobservancia de los reglamentos”. En estos casos, es el juez quien debe determinar el “contenido” del delito culposo dado que estamos en presencia de los denominados “tipos abiertos”. Este contenido se construye a partir de comparar el hecho delictual realizado con la acción que se debería haber realizado o era necesario observar en ese momento. Es el denominado “deber de cuidado”. El denominado “deber de cuidado” tienen diferentes componentes que se deben verificar para poder determinarlo en el hecho en examen. a) El Contenido. En primer término el sujeto activo (que realiza la acción) debe reconocer el peligro que produce su acción respecto del bien jurídico protegido por la norma y al mismo tiempo debe poder realizar la acción correcta. Es el llamado reconocimiento del peligro y capacidad de acción. Y en este segundo espacio torna relevancia los conocimientos especiales que tenga el sujeto activo en relación a la acción que ejecuta (por ejemplo un conductor profesional) b) El Riesgo Permitido. Hay determinados comportamientos que podrían ser considerados típicos, pero que en función de la utilidad social que entrañan, quedan subsumidos dentro del riesgo permitido y torna inviable la imputación de la conducta. c) El análisis de la infracción del deber de cuidado debe ser realizada antes y teniendo en cuenta la situación en la cual fue desarrollada. d) La evaluación de las fuentes para la determinación del deber de cuidado (es el precepto legal donde viene impuesta la sanción) Analizando la ley Nacional de tránsito (ley 24.449) podemos apreciar que que el principio rector para el análisis es el de “conducción dirigida”. En su art. 39 inc b) establece que los conductores deben circular con cuidado y prevención, conversando en toto momento el dominio efectivo del vehículo… teniendo en cuenta los riesgos propios de la circulación de demás circunstancias del tránsito. Sin embargo, no toda acción que provoca el resultado lesivo previsto en la norma penal, es imputable al sujeto activo. La doctrina ya supero las llamadas teorías causalistas de la acción y tornó relevancia la llamada teoría de la imputación objetiva. En la teoría de la imputación objetiva de los tipos culposos que estamos analizando, es necesario que en el caso en estudio se verifiquen tres condiciones necesarias: 1) En primer lugar que exista una relación de causalidad entre el comportamiento realizado y el resultado; 2) Que esta acción, al momento de su ejecución, haya creado un peligro o riesgo jurídicamente desaprobado respecto del bien jurídico; 3) Que ese mismo riesgo o peligro desaprobado creado por el auto haya provocado el resultado. De las tres condiciones, la última es la más difícil de abordar. La doctrina ha tratado de dar una respuesta, de manera negativa, utilizando 4 criterios: • Cuando el resultado no represente la realización del riesgo creado sino que sea parte del riesgo de vida aceptado; (Riesgo permitido) • Cuando la evitación del resultado no sea parte del rol del conductor, sino que depende de terceras personas; • Cuando el resultado igualmente se hubiese producido con un comportamiento alternativo conforme a derecho; • En los casos de causalidad ocurrida por el comportamiento de un tercero o de la propia víctima. Jurisprudencialmente se ha sostenido que la Ley de Tránsito regula una actividad desarrollada en sí misma peligrosa, cuyo riesgo resulta socialmente permitido, dentro de los límites marcados por la misma ley. Violar los límites impuestos por la ley implica aumentar el riesgo permitido y aumentar la posibilidad de producción de un resultado lesivo. Otro principio que entra en juego en este punto, es el llamado “principio de confianza”. Es un criterio normativo , que implica que que cada uno actúa dentro de los límites impuestos sobre el presupuesto de que el otro actuará igualmente dentro de estos mismos límites. Violar el principio de confianza implica aumentar el riesgo permitido. Un ejemplo habitual para este caso, es cuando dos automovilistas que llegan a una encrucijada de manera más o menos simultánea, la ley impone la prioridad de paso de que circula por la derecha. Obligando al otro conductor a frenar en la esquina, y ceder el paso al automovilista que tiene la prioridad. La determinación del momento en que se crea el riesgo jurídicamente desaprobado permite dentro de la división y delegación de funciones, establecer el ámbito de competencia del autor. Un ejemplo en este caso, es cuando por ejemplo un conductor de un colectivo a raíz de un fallo en el sistema de frenos ocasiona un accidente donde lesiona o mata a un peatón. En este supuesto, si el control mecánico del vehículo estaba fuera de la esfera de o ámbito de competencia del autor (por la división de funciones) no se le puede imputar la acción dado que el ámbito donde se creó el riesgo jurídicamente desaprobado estaba fuera del alcance de control del conductor, sino que fue creado por terceras personas. El llamado comportamiento alternativo conforme a derecho implica analizar que si bien la acción realizada por el autor crea un riesgo desaprobado, entre esta violación al deber de cuidado y el resultado media una relación de causalidad. Pero verificado el hecho con posterioridad el resultado se hubiera producido de todos modos, con la conducta diligente del autor. El último elemento a analizar es la concurrencia en la creación del riesgo de un tercero o de la propia víctima. Y en este punto, encontramos el análisis del comportamiento de la propia víctima en la producción del resultado. Ya en este punto, es fundamental la comprobación de en qué medida la conducta llevada a cabo por la propia víctima determinó el resultado típico. Es un principio sabido, que No existe la concurrencia de culpas en materia penal, cada sujeto debe responder por la propia acción jurídicamente desaprobada, al menos de que la magnitud de la acción desplegada por la propia víctima o un tercero, permitan excluir la imputación al conductor. Como último, punto señalaremos el llamado tipo subjetivo del delito imprudente. Además de todos los elementos arriba señalados, que componen el llamado tipo objetivo, tenemos también una faz subjetiva en el delito. Tenemos la llamada culpa consciente y su diferenciación con el dolo eventual. Estamos frente al elemento cognitivo del tipo subjetivo. La culpa consciente implica la representación del resultado lesivo y la creencia por parte de su autor, de que podrá evitar la causación del resultado lesivo ateniéndose a sus conocimientos particulares o habilidad. El dolo eventual implica del mismo modo la representación del resultado por parte del autor pero se desentiende del resultado y no le importa la suerte que corre el bien jurídico determinada por su propia acción. Para finalizar en este último punto, daré como ejemplo la sentencia recaída en el caso “Cabello Sebastián s/ Recurso de Casación”, CNCP, Sala III, del 02/9/05, LL,2005-E-561. Como es sabido en este caso, el Tribunal oral condenó a Cabello como autor del delito de homicidio simple cometido con dolo eventual. El autor al momento de producción del resultado estaba corriendo una “picada” y embiste a otro vehículo y ocasionó la muerte a sus ocupantes. La Cámara casó la sentencia recurrida y condena a Cabello como autor del delito de homicidio culposo. Como fundamento del cambio de criterio alegó “Cabe condenar como autor del delito de homicidio culposo y no de homicidio simple con dolo eventual, a quien circulando a una velocidad antirreglamentaria, embistió a otro rodado y ocasionó la muerte de sus ocupantes, si no se ha logrado previamente acreditar que conocido y aceptado que al conducir de forma temeraria iba a ocasionar la muerte de terceros, por cuanto la configuración del dolo eventual requiere que el sujeto se represente la realización del tipo como posible y se conforme a ella.” Rara vez se condena a un sujeto por homicidio doloso dentro de los accidentes automovílistico. Claramente la jurisprudencia tiende a ver estas conductas como imprudentes o culposas, donde según la gravedad de la norma de cuidado infringida, puede haber una mayor o menor punibilidad de la conducta.



Comentarios

Sea el primero en escribir un comentario.

Dejá tu comentario

Columna de opinión

Por Gabriel Iezzi
El ‘grooming’ y su relación con los delitos informáticos

El “grooming” se define como “toda acción que tenga por objetivo socavar moral o psicológicamente a un niño, con el fin de conseguir su control a nivel emocional para un posterior abuso sexual”. Es por ello que se puede afirmar entonces que el “grooming” es un supuesto de acoso sexual infantil.

Quiero recibir lo mejor de Universo Escudo

Columna de opinión

Por Gabriel Iezzi
El ‘grooming’ y su relación con los delitos informáticos

El “grooming” se define como “toda acción que tenga por objetivo socavar moral o psicológicamente a un niño, con el fin de conseguir su control a nivel emocional para un posterior abuso sexual”. Es por ello que se puede afirmar entonces que el “grooming” es un supuesto de acoso sexual infantil.