Por Gabriel Iezzi
15/4/2019

Distinción entre el dolo y la imprudencia

La distinción entre el dolo y la imprudencia ha cobrado una asombrosa importancia en la práctica judicial argentina de los últimos tiempos.

Innumerables son los casos que prima facie serian catalogados como realización de una imprudencia muy grave (culpa), pero son tratados en los tribunales como hechos dolosos. La doctrina actualmente dominante distingue entre dolo e imprudencia consiente según el autor haya tomado en serio la posibilidad reconocida por él de que se realice el tipo penal o que la haya dejado de lado. Lo que decide sobre el dolo y la imprudencia es únicamente la disposición interna del autor respecto de la representación del peligro. El motivo del reproche de culpabilidad mas grave consiste en que si el autor se representa una mayor probabilidad de resultado, la representación básica del resultado dañoso. Al autor doloso se le reprocha que el motivo de evitación que se presupone con él fue tan débil , que a pesar de la representación de la alta probabilidad de resultado, no pudo imponerse sobre los deseos perseguidos en su proyecto de acción. Así es que también es constante la jurisprudencia que considera la representación del daño como fundante del dolo; basta con que el autor considere posible la producción de un resultado típico y no como algo totalmente remoto. En el dolo si bien el autor no persigue intencionalmente el resultado, si tiene un conocimiento seguro de que su acción tendrá una consecuencia dañosa. Ejemplo: el Sr X quiere hundir un barco mediante la explosión de una bomba para cobrar el seguro, con lo que con gran probabilidad se ahogaría la tripulación. El SR X sabia que si la bomba hacia hundir el barco, sus tripulantes se hundirían. El Sr X actuó con dolo, es decir, con conciencia de que el resultado típico se produciría con certeza o con alta probabilidad. En la culpa el sujeto previó (conducción bajo los efectos del alcohol) o, aunque pudo prever, no lo hizo (madre que aplastó a su bebé durante el sueño). Desde un punto de vista práctico, en la culpa vemos una omisión de la diligencia debida, pero, además, vemos también la esperanza de que no se produzca el influjo imprudente de la conducta.



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